1° de NAYO Mientras la clase dominante perfecciona con rigor científico los dispositivos para sepultar en el olvido el origen y el mensaje libertario del 1° de Mayo, sostendremos, hasta el último aliento, que no habrá emancipación nacional y social sin el protagonismo de los trabajadores. Por: Corriente Nacional Emancipación Sur   pag.16.columna--smata Pretenden que nadie ponga en duda que el 1° de Mayo es un día de fiesta, que nadie recuerde  las heroicas jornadas de lucha y que los mártires de Chicago transformaron al proletariado industrial de un fantasma que recorría el mundo  en una amenaza real para los patrones y sus gobiernos. Desde entonces la preocupación de la clase explotadora fue siempre la misma: negar por todos los medios la existencia de la lucha de clases y la injusticia de su origen. Ahora, cuando las transformaciones del capital financiero han llegado a dominar a las naciones y a todo el aparato productivo y sus servicios, el campo de la explotación se ha extendido hasta cubrir todos los aspectos de la vida cotidiana: su expansión ha requerido el sacrificio, no solo de una parte de la población que le sobra, sino que sus políticas de saqueo y extractivismo afecta a los elementos primordiales de la vida de todos: el agua, la tierra y el aire. Han destruido el tejido social, haciendo antagónico al interés personal con el poder social colectivo; la fábrica ha dejado de ser el único lugar donde nace la fuerza social de resistencia. El campo de la explotación se ha extendido desde la fábrica al conjunto de la sociedad. No es sólo la clase obrera industrial la que puede detener el funcionamiento de esta máquina social infernal: es la sociedad de conjunto que está construyendo dentro de ella la fuerza requerida para enfrentarse a la globalización. Estamos atravesando la cuarta gran crisis de la economía mundial en menos de 30 años. Cada crisis ha implicado aumentos repentinos en el desempleo —en algunos casos de forma permanente— y el aniquilamiento de viejos centros de producción establecidos (fábricas, puertos, minas, etc.). También ha acelerado enormemente la reestructuración de la industria, no sólo a nivel nacional sino también regional y global. . El capital y sus apologistas han intentado sacar ventaja de los crecientes niveles de desocupación y de los sentimientos de inseguridad de los trabajadores para remodelar la vida de la fuerza de trabajo según sus requerimientos continuamente cambiantes. Sus consignas son la “flexibilidad” en el tiempo, en los métodos y en los mercados de trabajo. Uno de sus gritos de guerra ha sido que “el empleo de por vida pertenecía a una época pasada”. (Chris Harman. La clase trabajadora en el siglo XXI). Sobre esta realidad objetiva se ha construido, con éxito, el imaginario social que ha instalado la negación de la existencia de las clases y su lucha como el motor del desarrollo capitalista. Se ha planteado, que, en general, los antagonismos de clase ya no constituyen la división fundamental de la sociedad y, en particular, que la clase trabajadora está en declive y no se puede esperar que juegue el papel de agente de cambio. En esa batalla se aliaron los progresismos de todo el mundo, tanto en el campo político como en el intelectual, para homogeneizar en la sociedad la idea que ya no existen antagonismos irreconciliables sino resistencia opuesta al desarrollo basado en el avance científico-técnico. En el mundo del trabajo se sufre dos cuestiones que se articulan para una mayor  explotación del trabajo asalariado. Una es la des-agremeación y la otra es la tercerización, como forma privilegiada de la precarización, conviviendo con el empleo “estable”. Los registros de sindicalización descienden año tras año y en casos como los supermercados Wall Marc con la prohibición bajo amenaza de despido. La otra cuestión es la burocratización y complicidad de las conducciones de los gremios. asamblea-trabajadoresEn lo que va del tercer milenio, aparece afirmándose organizaciones leales a los mandatos de sus representados y la creciente proliferación de comisiones internas que rechazan delegar sus reclamos a manos de los sindicatos que se subsumieron a los designios del capital. Pero la piedra de toque esencial en la estrategia de la clase dominante es sin duda la tercerización para darle una realidad objetiva de fragmentación a la clase trabajadora y quitarle el arma histórica en la lucha por nuevas conquistas, es decir la unidad. Sin embargo se están produciendo movimientos de lucha en los que trabajadores de unidades productivas o de servicios  salen a dar batalla para incorporar a la planta permanente trabajadores que inclusive no pertenecen a la actividad. Recordemos la contundente victoria tras la  huelga en el subterráneo para incorporar a los trabajadores de limpieza. También se ha dado en la rama metalúrgica y en otros servicios. Solidaridad que se creía perdida  se afirma, combinada, con la voluntad de no delegar la decisión de luchar por sus demandas, que sobrepasan los límites de su lugar en la producción. Así como en la década del 60 se incorporó a la lucha metas políticas con un claro perfil anticapitalista, hoy registramos un lento pero persistente movimiento para enfrentar la reorganización del capital a nivel global. El rasgo distintivo es la participación un amplio abanico de sectores que no son considerados bajo el concepto tradicional de clase obrera y de allí que desde las izquierdas claudicantes hablen de multitudes dando al proletariado un lugar intrascendente. El correlato político ha sido la proliferación de fuerzas electorales que actuando en forma oportunista banalizan las aspiraciones emancipatorias en alianzas que puedan llevarlos a cargos en el aparato del Estado. Mas allá de ellos creemos que los grupos sociales así concebidos no pueden operar hacia la emancipación. Solo la clase obrera, que organizada colectivamente, con arraigo en la producción está en condiciones de disputar el control sobre la producción que es la clave del poder de la clase dominante. Mantener viva la llama que se encendió en la proclama de aquel 1° de Mayo de 1890 nos permitirá iluminar un camino que empezamos a recorrer con la decisión, de un sector importante de la militancia de construir un Frente Popular que no está dispuesto a delegar en otros que no sean los trabajadores, porque ese es  el legado de nuestros mártires.