Dónde está la justicia? La balanza se está inclinando peligrosamente hacia el lado de un pequeño grupo de argentinos, un país de lujos, de viajes, de coches de alta gama, mientras millones lo miran a través del opaco vidrio de la realidad cotidiana. Silvia Baffigi. Emancipación Sur   JusticiaEs usual que se mencione “la justicia” en referencia a la institución judicial. Sin embargo, lo que el ser humano persigue desde que se organizó socialmente es la justicia en su concepción mucho más amplia. La búsqueda de justicia ha sido el motor para la mayoría de las conquistas sociales y el reconocimiento de los derechos de las minorías oprimidas, y seguramente el alma de la mayoría de las revoluciones. El símbolo de la justicia es una balanza, siempre en equilibrio, que nos habla de equidad, de igualdad en los términos. El grito de pedido de justicia acompaña a las víctimas de las tragedias que ocurren todos los días en nuestra patria. Pero casi nunca se realiza. En estos días vemos por un lado, que los jueces (que deberían ser la personificación de la justicia), han puesto en marcha investigaciones, llamados a comparecer e incluso encarcelamientos de funcionarios del gobierno anterior. Denuncias que hace años dormían en sus juzgados. Así, los argentinos vemos cómo, lejos de ser un poder independiente, el judicial está ligado por una sólida red con el poder político, tal como hemos visto y comprobado lamentablemente en ésta democracia, durante todos éstos años. Los juzgamientos terminan siendo adjudicados al Poder Ejecutivo. Entonces, qué pasará con las denuncias, anteriores y actuales, que rocen o involucren funcionarios del gobierno en curso? Los juzgados federales tienen en su poder innumerables causas que protagonizan quienes tuvieron y tienen responsabilidades de gobierno, grandes grupos económicos e incluso a los Bancos. Sin embargo, se ponen en marcha las que convienen al poder de turno, sin contar las claras intenciones extorsivas de algunos planteos judiciales. Tomando el concepto en su contenido más amplio, vemos como entiende el poder la justicia. El ajuste es presentado en términos inusualmente cínicos, cuando se pretende que se aumentan las tarifas para que paguen los que más tienen, utilizando el argumento de la “equidad” con los argentinos del interior (a quienes de ningún modo se les rebajarán las tarifas). Para los sectores privilegiados (que cada vez lo son más), estos aumentos no tienen un peso importante en su patrimonio, y fueron compensados por el aumento del mínimo no imponible, sin hablar de la quita de retenciones, la devaluación, el levantamiento del cepo y la liberación gradual de las importaciones Para el trabajador que atraviesa el conurbano para llegar a la capital, el transporte ya era un gasto significativo, las tarifas de colectivo son más altas en la Provincia, y siempre tiene que combinar colectivo, tren, subte. Lo que se agrega al gasto en movilidad se quita de lo necesario para atender las necesidades familiares. A esto se agregan los enormes ajustes en los servicios, agua, gas y electricidad. Para los más humildes, ya las tarifas tenían –aun subsidiadas- un peso importante en sus ingresos. Es una increíble injusticia la de argumentar que por los subsidios no se hicieron las inversiones necesarias en servicios, cuando las privatizadas han acumulado millones de dólares durante la etapa Menem- De La Rúa, girando al exterior los beneficios en lugar de cumplir con los contratos para mejorar el servicio; para luego obtener millonarios subsidios sin hacer las mínimas inversiones necesarias. El déficit energético lo sufrimos los argentinos. Miles de millones destinados a paliarlo, sin revisar la contabilidad de las empresas o exigirles el cumplimiento de los contratos. En el único caso en que se quitó una concesión (del agua al grupo Suez), se le pagó luego una indemnización millonaria en dólares, a pesar de no haber cumplido con las exigencias contractuales. Ahora todo nuestro pueblo se ve obligado a pagar enormes cantidades de dinero y ni siquiera se le asegura un servicio adecuado. El conurbano sufre especialmente el ajuste. Con trabajos precarizados, o siendo despedidos porque las pequeñas y medianas empresas no pueden sostener los gastos de energía e insumos, con una inflación galopante, con un sistema de transporte diagramado caóticamente que hace que se destine una parte considerable del salario a viajes, con gas envasado ( mucho más caro que el gas natural), con agua de mala calidad y poca cantidad próxima a aumentar 400 veces, con necesidad de energía eléctrica para calefaccionarse y a veces cocinar; los bonaerenses están destinados a la pobreza y en muchos casos a la miseria. Lo que se gaste en esos servicios se restará en alimentación, salud, vestimenta para los niños. Miles de compatriotas jóvenes están siendo empujados al desempleo, con los despidos de los trabajadores precarizados del Estado, el cierre de programas sociales y la segura bancarrota de las pequeñas y medianas empresas asfixiadas por el aumento de los servicios y la apertura de las importaciones. La brutalidad es deliberada, y la represión está en el programa. No se puede pensar que las permanentes provocaciones a los trabajadores no escondan la intención de disciplinar al pueblo Dónde está la justicia? La balanza se está inclinando peligrosamente hacia el lado de un pequeño grupo de argentinos, un país de lujos, de viajes, de coches de alta gama, mientras millones lo miran a través del opaco vidrio de la realidad cotidiana. La desigualdad se agranda. Los grupos concentrados de la economía, los bancos, los dueños de todo, vinieron por el escaso margen de sobrevivencia que se logró con lucha y trabajo. La caída es muy fácil porque en todos estos años se priorizó por ejemplo el pago de una deuda fraudulenta mil veces pagada con nuestra sangre, y que toda la corporación política acaba de convalidar en su episodio más denigrante. Se prefirió el subsidio a la revisión de contratos, y la generación de cientos de planes de todo tipo en lugar de una organización diferente de la sociedad y el impulso de reformas estructurales. Parches diversos que han ocultado una trama de corrupción y entrega. Justicia entonces, es independencia, justicia es igualdad, justicia es atención de las necesidades y justicia es encarar un proyecto nacional que transforme para siempre nuestra patria. El pueblo está indefenso no sólo porque sus derechos están siendo recortados en una forma brutal, sino porque está cautivo de una maraña donde no hay buenos y malos: todos son lo mismo. El derecho a una información verdadera y clara nos es negado, sólo vemos lo que están dispuestos a mostrarnos. El descreimiento arrasa con todo, la política es corrupción y sólo sirve para enriquecer a unos pocos. En este contexto, la construcción de una alternativa nacional, antiimperialista/anticapitalista, democrática, participativa y popular es un mandato histórico. Debemos reflexionar colectivamente, poner nuestro mejor potencial al servicio de una salida creativa que muchas y muchos estén dispuestos a transitar. No está hecho el camino, hay que hacerlo Ese es el gran desafío de las organizaciones que, como Emancipación Sur y otras muchas, se plantean justicia e independencia. Convoquemos entonces, a quienes estén dispuestos a luchar una vez más para conseguirlas. Silvia Baffigi. Emancipación Sur