Por Laura García Vazquez
40 años se cumplieron hace unos días de la desaparición de Eduardo Sergio Korsunsky, joven militante nacido en Bernasconi, casi 50 años pasaron desde que Eduardo dejó esa pequeña localidad de la provincia de La Pampa  para trasladarse a Bahía Blanca. Eduardo es uno de los 30.000 desaparecidos que dejó el genocidio ocurrido en nuestro país, Argentina, genocidio que cambió la historia para siempre, por eso, no nos cansaremos de reclamar memoria, verdad y justicia.
El sentido de un homenaje trasciende las horas que vivimos quienes nos acercamos desde otras localidades para compartir este momento, sin poder preveer, o sí, lo que viviríamos. Estas horas fueron intensas, aliviadoras y profundamente emocionantes, por varias razones, quizás, más que varias fueron  cientos o miles de razones en las que se suman todos los pensamientos y sentimientos de cada uno de los que compartimos este momento. La memoria de un pueblo se manifestó en Bernasconi y se convirtió en la memoria del pueblo argentino El trabajo no empezó el 24 de septiembre de 2016, día en el que ocurrieron estos hechos sino en los días previos en los que las artistas Paula Inchaurraga y Ana Inchaurraga junto al muralista Juan Giménez dieron vida a la muerte y pusieron color al dolor (como la misma Ana dice), sin perder por eso la conciencia y, en cambio, ampliando la misma posibilitado que los habitantes de Bernasconi que siempre recordaron a Eduardo Korsunsky pudieran poner este recuerdo en palabras. Esas palabras fueron parte de las que escuchamos en el homenaje, dentro del Instituto Mariano Moreno, que hoy, después de este conmovedor día que vivimos y compartimos el sábado 24 de septiembre de 2016  lleva el nombre de Eduardo Sergio Korsunsky en una de sus aulas. unnamedLa trascendencia vino también de las presencias, de la familia de Eduardo, de Celia, de su “ser madre” en toda su integridad a lo largo de estos 40 años. De las palabras de las hermanas de Eduardo, de Mirta y Gabriela, y de la elección de incorporar también  las palabras de Olga Frañol, la compañera de Eduardo, posteriormente también desaparecida por el accionar del terrorismo de estado, a través de la carta que le escribiera a su pequeña cuñada que en 1976 tenía sólo 14 años. Por aquellos años, en ese difícil y angustiante tiempo Olga le escribe a Gabriela lo que ella, en el día del homenaje, decide compartir con nosotros: “ …él luchaba por la alegría, él luchaba para vivir, para liberar al hombre de la explotación, de la opresión de este sistema injusto, para liberarlo de la miseria, de la humillación y de la angustia que a la inmensa mayoría del pueblo le toca hoy vivir. Llevaba en su corazón y en su espíritu la convicción y la esperanza de que luchábamos por una causa justa: la única solución que traerá el bienestar para todos y que también les llegará a ustedes porque no hay contradicción entre el trabajo que realizamos y la familia. Cuando en el colegio nos enseñan historia argentina vemos que mucho hombres, héroes anónimos, jóvenes de las generaciones pasadas, de mayo de 1810, los constituyentes del 53, etc. han dado su generosa vida en la lucha por la primera Independencia de nuestra Patria, hoy también heroicos hombres y mujeres honestos, humildes, decididos a vencer,  también hacen entrega de su  generosa vida por la segunda independencia de nuestro país. Tu hermano es otro hombre del pueblo   cariñoso, valiente y hermoso, desprendido de todo el individualismo y el egoísmo, humilde y honesto, ese es el hombre que yo quiero, es mi pareja, mi marido y el que llevaré en mi corazón y en mi mente para toda la vida, así es el hijo y el hermano que ustedes tienen, no lo idealizo ni magnifico, simplemente es así.” El mural, la huella, el árbol, las palabras, todas las diversas formas de recordar y homenajear a Eduardo,  fueron precedidos por el Himno Nacional y la presencia de niños y niñas portando la bandera de ceremonia junto a la participación de personas que dejaron de lado su rol institucional en este acto y pasaron a ser personas conmovidas y comprometidas con la memoria. La conjunción entre lo que parecía un acto patrio más y el contenido simbólico y emocional acumulado en Bernasconi por 40 años se corporizó como un momento revelador: lo que sucede cuando las voluntades se suman o se multiplican. 
Tuvimos presente a Eduardo Korsunsky en toda su dimensión humana sin disociaciones, donde la militancia, la responsabilidad, la inteligencia, el humor y el amor a los suyos era amor a la humanidad, y en ese momento fue importante recordar que en este país existió un genocidio a través del terrorismo de estado, y que por eso, Eduardo, que es uno de los 30.000 se encuentra desaparecido. Y que seguimos esperando MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA