FALLO Y PRECEDENTE HISTÓRICO - 4/ 7 / 2019 - FORMOSA, ARGENTINA.

La masacre Pilagá, es una de las historias más tristes y menos conocidas de la Argentina. En octubre de 1947, bajo el gobierno de Juan Domingo Perón, dos mil indígenas fueron convocados por un sanador y cayeron en una trampa mortal, donde cientos fueron asesinados por la Gendarmería. Los diarios de la época difundieron la historia oficial narrando que un grupo de indígenas habían atacado con armas a "los blancos" con esa versión, daban total colaboración al ocultamiento del hecho. Una historia silenciada por la prensa durante la primer presidencia de Perón, y que aun actualmente es poco conocida y no figura en los manuales escolares de historia. Los diarios de la época, se hicieron eco de la información que hizo circular el Ministerio del Interior y la Gendarmería y hablaron de "ataques a la población blanca", "asesinatos", "saqueos", "indígenas armados", y colaboraron con el encubrimiento del crimen. Tanto los periódicos como la documentación oficial justificaron la masacre del 47 recurriendo a la vieja historia del "malón indio", estigmatizando a las víctimas y colaborando con el silencio que cubrió este hecho durante tantos años. La masacre no se investigó y los responsables, que van desde los comandantes del escuadrón hasta los Ministros de Guerra y Marina y Ministro del Interior jamás dieron explicaciones y nunca fueron juzgados.
Los hechos reales de octubre de 1947, es que cientos de personas pertenecientes al pueblo Pilagá se reunieron en un paraje llamado La Bomba cerca de un curso de agua, y cerca de la estación de tren de Las Lomitas desde donde muchos viajaban a trabajar a los ingenios azucareros de Salta y Jujuy, para conocer a un sanador, que "curaba sin cobrar" (que fusionó la religión tradicional Pilagá y el cristianismo evangélico y convirtió a La Bomba en un espacio de debate y conflicto). Pero esta multitud estaba muy cerca de la sede del escuadrón 18 de Gendarmería Nacional, que comenzó a moverse para despejar el lugar e intentar movilizar a las familias hacia las reducciones Indígenas de Bartolomé de las Casas y Francisco Muñiz. El 10 de octubre, por la tarde, luego de varias advertencias y amenazas y ante la negativa de los ancianos y los caciques a trasladarse, la Gendarmería inició la represión y persiguió a los sobrevivientes por el monte durante por lo menos veinte días, fusilándolos, impidiéndoles el acceso a los ríos y violando a las mujeres.La matanza del pueblo Pilagá, ha sido una punta del iceberg de un sistema de explotación de raíces coloniales. El trabajo esclavo, al que fueron sometidos los pobladores originarios, fue el motor de un sistema de expoliación capitalista (jamás fue, ni ha de ser un sistema de producción). Algodón, azúcar y obrajes no se dieron bajo el apacible consentimiento de los trabajadores.
Uno de los objetivos fundamentales de las campañas militares era el control de la mano de obra que se consideraba disponible en el Gran Chaco. Con este objetivo, a principios del siglo XX se crearon las reducciones estatales de Napalpí, Bartolomé de las Casas, Francisco Muñiz y también las religiosas como Laishí y Nueva Pompeya donde llegaron a trabajar, simultáneamente, hachando quebracho y cosechando algodón cerca de 10.000 personas cada año. Al mismo tiempo el Estado a través del Ministerio del Interior firmaba convenios con empresas azucareras como Ledesma, Tabacal o Las Palmas y les enviaba miles de trabajadores bajo vigilancia policial. El trabajo se pagaba en vales o fichas sólo canjeables en las proveedurías de los mismos establecimientos. Las mujeres y los chicos también trabajaban y la mortandad era muy alta debido a la explotación la mala alimentación y las enfermedades. 
En 1947 el Gran Chaco ya era una gran fábrica donde decenas de miles de personas eran explotadas de forma inhumana en beneficio del Estado y de las empresas privadas. En esa época el Poder Ejecutivo, por ley, tenía la facultad de mover a la Gendarmería desde el Ministerio del Interior hacia el Ministerio de Guerra en circunstancias determinadas. Los escuadrones de Formosa, como un avión de la Fuerza Aérea actuaron bajo las órdenes de Humberto Sosa Molina, Ministro de Guerra y Marina, que informó sobre estos movimientos, mediante documentación reservada a Angel Borlenghi, Ministro del Interior. 
Los documentos Reservados y Secretos, hablan de la intransigencia de los pilagá y utilizan el término "irreductibles" para referirse a su negativa a ser trasladados hacia las reducciones, es un elemento clave, en que la represión se gesta, como respuesta a la resistencia de los ancianos y los caciques a abandonar La Bomba y a trasladarse hasta el lugar destinado para el encierro. Una trama muy compleja que tiene que ver con un proceso genocida aún muy poco debatido. El miedo de las víctimas y la discriminación que aún hoy sufren jugaron a favor del silencio. No sólo los sobrevivientes no se animaban a hablar, tampoco se animaban los "criollos" que habían presenciado la masacre. Los restos humanos algunos años después de la masacre, fueron expuestos como piezas de museo en una escuela, naturalizando el genocidio
Una investigación busco dar con la triste verdad de lo que sucedió en aquel paraje formoseño en 1947: los Pilagá habían sido brutalmente reprimidos por Gendarmería y muchos de ellos asesinados. En esa época la gente de las comunidades no estaba documentada y no había censos, si había ametralladoras Colt, que disparaban 500 balas por minuto, es posible imaginar el desastre y difícil saber cuántas personas murieron. Hay muchos desaparecidos, hubo quema de cadáveres, y grupos que fueron exterminados por completo por lo cual es inverosímil determinar una cantidad con certeza. Uno de los momentos más conmovedores ha sido sin duda el hallazgo de fosas comunes descubiertas durante la investigación que llevó al juicio por la masacre.

Según expediente: “FEDERACIÓN DE COMUNIDADES INDÍGENAS DEL PUEBLO PILAGA c/ PEN s/ DAÑOS Y PERJUICIOS”; la persecución de los días posteriores al 10 de octubre de 1.947.
“Si bien los hechos que se tienen por probados hasta ahora son lo suficientemente graves para justificar un severísimo reproche a la actuación del Estado Nacional y sus agentes, lo que sucedió en días posteriores alcanzo ribetes de gravedad extrema, a tal punto que ni siquiera sus protagonistas lo intentan justificar[…]Cabe tener por probados –dice el Juez- que, concluido el ataque en la zona del madrejón, los indígenas mayormente desarmados y atacados con el fuego cruzado de dos puestos de ametralladoras e innumerables armas de mano de los gendarmes intervinientes, se dieron a la fuga hacia el norte, este y oeste, iniciándose a partir de allí por parte de la Gendarmería la persecución y matanza sistemática de la población civil en fuga”[...]“También se verifico la intervención de personal civil, quizás funcionarios de Gendarmería u otras fuerzas actuando de incognito, o civiles que colaboraban con las fuerzas.
“Sin duda el más escalofriante de los testimonios recogidos, el que más claro muestra el nivel de deshumanización al cual se llegó, es el evento relatado por Ramón Rosa Galván “En una de esas encontramos una criaturita que ve que una china había perdido cuando escapaba por el caraguatal. Asinita era una chinita cinco o seis meses tenia, y el jefe que venía al frente de la comisión ordeno que le metieran un tiro en la Cabeza. ¡eso he visto yo!)[…] Entonces los Gendarmes le hablaron al Cacique Tapiceno por medio de su lenguaraz. Le dijeron que si le daban una o dos chicas ellos no abrirían fuego. Entonces agarraron a la chica más linda de todas y el mismo comandante la llevo para el monte y la violó.” Los registros de una de las fosas comunes halladas, la más importante, en la cual informan los peritos que “descubrimos un conjunto de restos óseos correspondientes a un grupo de 27 cadáveres, colocados de manera irregular algunos arriba de otros, otros cruzados, flexionados, otros de cubito lateral derecho, otros de cubito lateral izquierdo, algunos presentan dentro del cráneo, porciones de huesos largo de otros cadáveres, lo que nos indicaba que ciertas víctimas presentaban estallido de cráneo, producidos probablemente por impactos de proyectiles de alta velocidad.”
El ocultamiento: “Ni ?daciye relata que los actos de ocultamiento del acto represivo fueron inmediatos luego de los hechos: “Si no hubieran cortado el monte hubiéramos podido encontrar ahora todas las balas incrustadas en los árboles, pero pasaron las topadoras y se llevaron los ranchos y los árboles. Si hubieran dejado el árbol grande donde yo me escondí podríamos encontrar las balas y ya no podría seguir mintiendo. Todos podrían verlo.”. El último acto de ocultamiento fue recluir a los pocos cientos de sobrevivientes en la reducción Colonia Aborigen Bartolomé de Las Casas del cual no podían salir y estaban sometidos a trabajo esclavo en los algodonales.

Los ancianos que sobrevivieron a La Bomba transmitieron la historia de la masacre a hijos y nietos; lamentablemente muchos de Los sobrevivientes fallecieron en estos últimos diez años. Llego la reparación del daño Finalmente la sentencia que concluye con la reparación ordenando al Estado Nacional dos tipos de indemnización. Una patrimonial y otra no patrimonial.
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA!!!

Felicitaciones Federación de Pilagá y a su abogada, la compañera Paula Alvarado